
¡Y es tan cierto…!
Te imagino preguntando:
– ¿Cómo «pretexto"? ¿ustedes no son terapeutas? ¿no nos ayudan? ¿nos usan?… y cientos de preguntas más, que sé que sos capaz de hacer en treinta segundos.
¡Vayamos despacio…!
… Cuando un paciente llega al consultorio por primera vez, le menciono-entre otras cosas- la importancia que para mí tiene la doble elección del vínculo terapéutico. Esto quiere decir que no sólo él debe elegirme como su terapeuta, sino que también yo lo elegiré a él -o no- como paciente.
En general, esta elección la hago en forma intuitiva. Simplemente siento que puedo y quiero ayudarlo, me gusta, despierta mi interés o vaya a saber qué.
A partir de la elección que solemos hacer en dos o tres entrevistas, comenzamos a trabajar juntos.
Repito: JUNTOS.
El vínculo no es jerárquico.
No soy un genio frente a un tonto, ni un maestro frente a un alumno. Somos dos personas con distintas experiencias, con distintas maneras de ser, de pensar y de sentir.
Es cierto… prestamos más atención a su problemática personal que a la mía, pero esto es sólo debido a que suponemos, repito: suponemos, que hay una cantidad de cosas que yo tengo vistas y capitalizadas.
Esa es mi única ventaja; la de él es que, sin duda, sabe mucho más sobre sus problemas que yo.
De allí que, con el aporte de ambos, las posibilidades de crecer se multiplican. No únicamente las de mi cliente (antes me molestaba esta palabra, ahora la encuentro muchas veces más apropiada que paciente), sino también las mías.
Cualquier contacto sano con el otro, me enriquece en sí mismo y más aún cuando puedo dar de mí.
