Jorge M. BUCAY


Para este momento, mis ganas de encontrarme con ese libro crecían rápidamente.


Una noche de noviembre de 1982 me senté frente a un cuaderno y sin pensar demasiado -porque no lo hago muy bien- me puse a escribir la primera carta de ese libro fantaseado.


Podría repetir hoy los pensamientos de aquella noche:… Imagino que soy un descendiente de Georg Groddeck (¿acaso de alguna manera no lo soy?)… o mejor, un descendiente de Patrick Trol, aquel maravilloso terapeuta de El libro del Ello… Imagino que le escribo a una ex-paciente… ahora gran amiga… ella se ha ido… está lejos… aun así yo la recuerdo vívidamente… se llama… se llama Claudia… como mi hija… quizá más que eso… quizás esta Claudia sea en realidad la Claudia que será mi hija dentro de pocos años… "Claudia: cierro los ojos y te veo…"


Cuando terminé de escribir esa primera carta, encendí un cigarrillo y la leí tratando de olvidar que era mía (hoy me pregunto si lo era)…


Me encantó.


Me di cuenta de que había hecho algo muy placentero. Me di cuenta de lo útil que era, para mí, escribir.


Y seguí…


Las cartas salieron de mí con fluidez, una tras otra. Y aquí están.


La única ficción en este libro es mi parentesco con Patrick Troll. Los demás hechos, todos ellos, pertenecen a mi vida y los conceptos que aquí afirmo son verdaderos para mí, o dicho con más precisión, lo eran cuando estas cartas fueron escritas.

CARTA 1

Claudia: mirada


Cierro los ojos y te veo. Con tu misma mirada inteligente y escrutadora, tu pícara sonrisa, tu rostro hermoso.


¡Qué agradable recibir tu carta! ¿Cuánto hace que te fuiste del país? ¿Dos años, tres? A veces, me parecen siglos y otras, tengo la sensación de que fue ayer cuando te vi subir al avión rumbo a una nueva etapa de tu vida…



6 из 119