
– Pierna -jadeó Colin.
Nathan localizó la sangrante herida en el muslo de Colin y, tras un breve examen, dijo secamente:
– No hay herida que indique la salida de la bala. -Se desató la corbata y aplicó presión para contener el flujo sanguíneo-. Tengo que sacarte la bala lo antes posible. Luego hay que coser a Gordon. Debemos volver a casa. ¿Tenéis caballos?
– No -dijo Gordon, directamente a su espalda-. ¿Y qué diantre te hace pensar que voy a dejar que me cosas?
Nathan lanzó una mirada por encima del hombro y vio a Gordon de pie, mirándole con furia. Su amigo seguía presionándose la parte superior del brazo con la mano, pero incluso en la penumbra Nathan pudo ver cómo goteaba la sangre entre sus dedos. Como también pudo ver la ira brillando en los ojos de Gordon.
– Quizá porque soy el único médico que hay en los alrededores y porque ambos necesitáis cuidados médicos inmediatos.
– Diría que esta noche no ejerces solamente de médico, Nathan. -La mirada de Gordon se desvió hacia Colin-. Ya te había dicho que algo sucio se tramaba. -Volvió entonces a fijar la mirada en Nathan-. ¿Por qué? Maldita sea, ¿por qué lo has hecho?
La mentira cuidadosamente tejida y alojada en la garganta de Nathan que supuestamente debía protegerle se deshizo como una tela pobremente confeccionada a la vista de la debacle acontecida esa noche. Su mente, normalmente ágil, se sentía incapaz de pensar a la vista de su mejor amigo ensangrentado y de su hermano víctima de un disparo de pistola. Sin duda, Gordon le creía culpable de algo… y tenía buenas razones para ello. Sin embargo, a juzgar por el tono de voz y por la mirada glacial de su amigo, también sospechaba lo peor.
Nathan se volvió lentamente a mirar a Colin y se quedó de piedra. Por mucho que las palabras de Gordon le hubieran dolido, fue la mirada que alcanzó a ver en los ojos de su hermano lo que le golpeó como un puñetazo en el estómago. Y en el corazón. Las miradas de ambos se encontraron, enfrentadas, y las entrañas de Nathan se encogieron ante la duda y la acusación tan elocuentemente evidentes que vio en ojos de Colin.
