
– No lo sé -dije-, pero probablemente lo comprobaré.
– Dígamelo si quiere que le acompañe alguien.
– Claro. Pero escuche, me he fijado en que en el informe del sheriff el GPS es el único objeto robado. ¿Eso se mantiene? ¿No echaron nada más en falta después?
– Eso fue todo. Por eso Terry y yo pensamos al principio que era muy extraño. Hasta que imaginamos que había sido Finder.
– ¿Terry también pensaba que había sido él?
– Estaba empezando a pensarlo. O sea, vamos, ¿quién si no?
Era una pregunta que merecía respuesta, pero no pensaba que necesitara centrarme en ella en ese momento. Señalé la pantalla del portátil y le pedí a Lockridge que siguiera retrocediendo en las fotos. Lo hizo y continuó la procesión de pescadores felices.
Llegamos a otra curiosidad en la serie de fotografías. Lockridge retrocedió hasta un conjunto de seis instantáneas que mostraban a un hombre cuyo rostro al principio no se veía con claridad. En las tres imágenes iniciales posaba sosteniendo un pez de colores brillantes ante la cámara. Pero en cada una de ellas sostenía su captura demasiado alta, oscureciendo la mayor parte de la cara. En todas las imágenes sus gafas de sol oscuras asomaban por encima del caballón de la aleta dorsal del pez. El pez parecía el mismo en las tres instantáneas, lo cual me llevó a pensar que el fotógrafo trató repetidamente de obtener una imagen en la que se viera el rostro del pescador. Pero sin éxito.
– ¿Quién hizo éstas?
– Terror. Yo no fui en esa salida.
Algo en el hombre, o tal vez la forma en que había evitado la cámara en la foto del trofeo, había hecho que McCaleb sospechara. Eso parecía obvio. Las tres fotos siguientes eran imágenes del hombre tomadas sin su conocimiento. Las dos primeras fueron sacadas desde el interior del salón, cuando el pescador se inclinaba contra la borda de estribor. Como el vidrio del salón tenía una película reflectora, el hombre no habría tenido forma de ver a McCaleb ni de saber que le había hecho esas fotos.
