Nada. De no ser por sus ruidosos ronquidos, habría podido tratarse de un cadáver.

Lo sacudió con mayor vigor.

– No es por nada, ¿sabes?, pero éste es el día más importante de mi vida profesional. No me vendría mal un poco de cooperación.

Ratón no estaba por la labor.

Necesitaba un punto de apoyo. Apretando los dientes, se recogió cuidadosamente la falda del traje de seda cruda amarillo pálido que había comprado el día anterior en unas rebajas con un sesenta por ciento de descuento y se puso en cuclillas junto al parachoques.

– Si no sales ahora mismo, avisaré a la policía.

Ratón resopló.

Annabelle hincó los tacones en el suelo y tiró de los mugrientos tobillos. Sintió en la nuca el latigazo del sol de la mañana. Ratón se dio la vuelta hasta que su hombro chocó con el bastidor. Annabelle volvió a tirar de él. Debajo de la chaqueta, la blusa sin mangas que había elegido para complementar los pendientes de lágrima de perla de Nana empezó a pegársele a la piel. Procuró no pensar en lo que le estaría ocurriendo a su pelo. No era el mejor día para quedarse sin gel fijador, y rogó para que el aerosol de máxima fijación Aqua Net que había encontrado bajo el lavabo fuese capaz de mantener a raya la rebelión de sus rizos rojos, una maldición permanente en su vida, sobre todo durante los húmedos veranos de Chicago.

Si no conseguía sacar a Ratón en cinco minutos, acabaría metida en un serio problema. Se dirigió hacia la puerta del conductor. Sus tacones crujieron cuando volvió a inclinarse y miró la cara con la mandíbula suelta del vagabundo.

– Ratón, ¡levántate! ¡No puedes quedarte ahí!

Un ojo sucio se entreabrió sólo para volver a cerrarse.

– ¡Escúchame! Si sales de ahí, te daré cinco dólares.

Ratón movió la boca y dejó escapar un ruido gutural junto con un hilo de saliva:

– Jamen… paz.

El olor hizo que a Annabelle le lagrimearan los ojos. ‹‹¿Por qué tuviste que elegir justamente hoy para perder el conocimiento debajo de mi coche? -pensó-. ¿No podrías haber elegido el coche de Bronicki?›› El señor Bronicki estaba jubilado, vivía enfrente y dedicaba su tiempo a pergeñar nuevas maneras de hacerle la vida imposible.



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