Con su equipo de recogida en la mano, pasó bajo la cinta y abrió la puerta situada al final del camino particular. Al otro lado de una dehesa que se extendía hacia el este, donde pacía una yegua baya, media docena de mirones estaban apoyados contra una valla de castaño partida. Oyó sus murmullos especuladores mientras subía por el camino particular. Sí, les dijo mentalmente cuando entró por una puerta más pequeña al jardín, un detective femenino, hasta para un incendio. Bienvenidos a los años decadentes de nuestro siglo.

– ¿Inspectora Ardery?

Era una voz femenina. Isabelle se volvió y vio a otra mujer que esperaba en el sendero de ladrillo bifurcado. Un ramal se dirigía a la puerta principal, y el otro hacia la parte posterior de la casa. Por lo visto, la mujer venía de aquella última dirección.

– Sargento detective Coffman -dijo con aire risueño-. DIC

Isabelle se acercó y extendió su mano.

– El jefe no está en este momento -dijo Coffman-. Ha ido con el cadáver al hospital de Pembury.

Isabelle frunció el entrecejo. El superintendente jefe de Greater Springburn había solicitado su presencia. Era una violación de la etiqueta policial abandonar el lugar de los hechos antes de su llegada.

– ¿Al hospital? -preguntó-. ¿No tienen un médico forense que acompañe al cadáver?

Coffman alzó los ojos hacia el cielo.

– Oh, también estuvo aquí, para confirmarnos que la víctima estaba muerta, pero habrá una conferencia de prensa cuando identifiquen el cadáver, y al jefe le encantan esas cosas. Dele un micrófono, cinco minutos de su tiempo y se convierte en un John Thaw

– ¿Quién se ha quedado aquí, pues?

– Un par de agentes en período de pruebas, que tienen su primera oportunidad de practicar, y el tipo que descubrió el lío. Se llama Snell.



22 из 683