No hubo nunca ninguna duda de que el paquete llegaría hasta allí; incluso fue un poco más lejos de lo que Dar Lang Ahn había calculado, y por un instante temió que fuera a caer en la superficie rugosa que había justo detrás de su zona de tiro; por fin acabó de rodar, y pudo comprobar que estaba aparentemente intacto, y con esa seguridad planeó su salto y lo llevó a cabo.

De haber estado preparando un informe del incidente no habría dado ningún detalle más. La mayoría de los hombres no hubieran podido evitar decir cuáles eran sus pensamientos cuando corrían hacia el borde; ponían toda su fuerza en el salto, miraban durante un instante la temible profundidad de la sima y por fin caían en la rugosa, cortante y dura lava del otro lado. Un hombre tendría mucho que contar después. Dar Lang Ahn sintió todas estas emociones, pero una vez hecho el salto, sólo pensó en los libros. Siguió su camino.

Theer estaba bastante más alto cuando halló otra grieta en su camino hacia el bosque.

Tardó menos tiempo en cruzarla, pero le hizo retrasarse; desde allí le pareció dos veces mayor que desde el planeador y tuvo que reconocer que iba a tener que pasar el verano en el río de lava, no siendo ésta la mejor estación para estar alejado de una fuente.

De esta forma moriría antes de lo previsto, con lo que tenía que solucionar el problema de los libros. Con seguridad le buscarían cuando se dieran cuenta que tardaba demasiado en volver, estando lo suficientemente cerca de la ruta aérea normal entre Kwarr y las Murallas de Hielo para poder ser localizado sin demasiado esfuerzo. Lo que hacía falta era poder señalar su posición de forma que resultara visible desde el aire.



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