
Debía de tener rayos X. en los ojos si la había visto hablar con alguien.
– Yo no distraigo a nadie -protestó, indignada.
– A mí me parece que sí. Siempre estás por los pasillos, cotorreando.
– Eso se llama interacción social -replicó Kate-. Es algo que hacen los seres humanos, aunque tú no sabes nada del tema, claro. En esta oficina, es como trabajar con robots -siguió, olvidando por un momento cuánto necesitaba aquel trabajo. Tengo suerte si me das los buenos días y a veces debo traducirlo porque parece un gruñido.
Finn arrugó el ceño, un gesto muy habitual en él.
– Alison nunca se ha quejado.
– A lo mejor a ella le gusta que la traten como a un mueble, pero a mí no. Y no estaría mal que mostrases un poquito de interés por tus empleados de vez en cuando.
Finn McBride la miró, sorprendido.
¿Nunca se lo habría dicho nadie?, se preguntó Kate.
– No tengo tiempo para charlar con mis empleados.
– No se necesita mucho tiempo para ser amable. Sólo tienes que decir algo como: «¿qué tal va, todo?». O «espero que pases un buen fin de semana». No es tan difícil. Y cuando te hayas acostumbrado, podrías probar con frases más complicadas, como: «gracias por tu colaboración».
– No creo que tenga que pronunciar esa frase cuando hable contigo -replicó Finn-. Y, francamente, no veo por qué tengo que hacerlo. En caso de que no te hayas dado cuenta, yo soy el jefe. Y si no puedes soportar cómo te trato dímelo y hablaré con el departamento de personal para que busquen otra secretaria.
Kate se mordió los labios. No podía perder aquel empleo. La agencia de trabajo temporal no encontraba gran cosa para ella, y si metía la pata posiblemente la dejarían de lado para siempre.
– Puedo soportarlo. Pero no me gusta.
