Después levantó a Tom y quiso acunarlo para que dejara de gritar, pero era demasiado pesado. Se sentó con él en el borde de la cama acariciándole el pelo. Tom seguía gritando. Era un hermoso milagro que no hubiera despertado al bebé. Cuando mamá sacó un caramelo del bolsillo del delantal, Tom dejó de gritar, lo peló y se lo comió.

– Quiero más caramelos -dijo Tom.

– Yo también quiero caramelos -dijo Soledad-. Si le diste a Tom me tenes que dar a mí.

– No hay más caramelos. Vos, Solé, más bien que no te mereces ningún premio. Y a vos parece que no te dolía tanto que con un caramelo te callaste -como una buena madre, equitativa, dueña y divisora de la justicia. Pero una buena madre no consuela a sus hijos con caramelos, una madre que realmente quiere a sus hijos protege sus dientes y sus mentes.

– Queremos más caramelos -dijo Soledad.

Y ahora Tom estaba de su lado. Entre los dos trataron de atrapar a mamá, que quería volver a la cocina. Tom le abrazó las piernas mientras Soledad le metía la mano en el bolsillo del delantal. Mamá sacó la mano de Soledad del bolsillo con cierta brusquedad. Calma. Firmeza. Autoridad. Amor.

– ¡No! Los bolsillos de mamá no se tocan.

– Tenes más, tenes más, sos una mentirosa, ¡nos engañaste! -gritaba Soledad.

– Mamá mala, mamá mentirosa, ¡mamá culo! -gritaba Tom.

– Empezaron los dibujitos animados -dijo mamá. Autoridad. Firmeza. Culo.

Tom y Soledad la soltaron y corrieron hacia el televisor. Soledad lo encendió. Levantaron el volumen hasta un nivel intolerable y se sentaron a medio metro de la pantalla. Una buena madre, una madre que realmente quiere a sus hijos, no lo hubiera permitido. Mamá pensó que se iban a quedar ciegos y sordos y que se lo tenían merecido. Cerró la puerta de la cocina para defender sus tímpanos y volvió a la masa de tarta. Masa para pascualina La Salteña es más fresca porque se vende más. Una buena madre, una madre que realmente quiere a sus hijos, ¿compraría masa para pascualina La Salteña?



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