
Te voy a contar una bella historia:
Juan llegó a casa una hora antes que de costumbre y se encontró a su mujer desnuda en la cama. Cuando le preguntó por qué, ella le explicó. «Estoy protestando porque no tengo ropa bonita para ponerme.»
Juan abrió el armario. «Eso es ridículo -dijo-, mira aquí dentro. Tienes un vestido amarillo, un vestido rojo, un vestido estampado, un traje de chaqueta y pantalón, un… ¡Hola, Paco! -y siguió diciendo-, un vestido verde…»
¡Eso es compasión! Compasión hacia su mujer y compasión hacia Paco. No hay celos ni pelea, simplemente: «¡Hola, Paco! ¿Qué tal?», y sigue con lo suyo. Ni siquiera le pregunta: «¿Qué estás haciendo en mi armario?».
La compasión es muy comprensiva. Es la comprensión más refinada que puede tener el ser humano.
A un hombre compasivo no deberían importunarle los pequeños detalles de la vida que suceden continuamente. Solo así, de forma indirecta, estás ayudando a que tus energías compasivas se acumulen, se cristalicen, se fortalezcan y sigan aumentando con tu meditación. Así cuando llegue el momento dichoso, cuando estés lleno de luz, al menos tendrás un compañero, la compasión. A partir de ahí tendrás un nuevo estilo de vida… porque ahora es tanto lo que tienes que puedes bendecir al mundo entero.
Aunque Gautama Buda siempre insistió en no hacerla, finalmente tuvo que hacer una división o una clasificación de sus discípulos. A una categoría le da el nombre de arhatas: son los iluminados, pero sin compasión. Han empleado toda su energía en la meditación pero no han escuchado lo que Buda había dicho acerca de la compasión. A los otros ios llama bodhisattvas: son los que han escuchado su mensaje sobre la compasión.
