
Cuando él apretó su boca contra la de ella, deteniendo sus gritos de furia, la ardiente rabia se transformó instantáneamente en un oscuro resplandor de deseo. No tenía ni idea de como controlar sus propias respuestas o que respuestas despertaba en él, pero Rule se lo había demostrado del modo más explícito posible. Cuando él desmontó para dejar que su caballo bebiera, Cathryn hizo lo mismo. Rule notó la leve rigidez de sus miembros y dijo:
– Vas a estar dolorida si no te das un masaje. Cuando regresemos me ocuparé de ti.
Ella se quedó rígida al pensar en él dándole masajes en las piernas y rechazó la oferta con más brusquedad de la que pretendía.
– Gracias, pero puedo hacerlo yo sola.
Él se encogió de hombros.
– Es tu dolor.
Por algún motivo la fácil aceptación de su rechazo la irritó aún más y lo miró airadamente cuando montaron de nuevo y comenzaron el regreso a la casa. Ahora que él lo había mencionado, era consciente de que el dolor aumentaba con cada paso que daban. Sólo el orgullo la impidió pedir que redujeran la marcha y tenía la mandíbula rígida cuando por fin llegaron a los establos.
Él se bajó de su montura y estuvo a su lado antes de que ella pudiera sacar los pies de los estribos. Sin una palabra la cogió de la cintura, y la bajó cuidadosamente y Cathryn supo que se había dado cuenta de su incomodidad. Murmuró un gracias y se alejó de su lado.
– Ve a la casa y dile a Lorna que iré a comer dentro de una media hora -pidió-. Date prisa o no tendrás tiempo de quitarte antes el olor a caballo.
El pensar en una ducha aflojó la tensión de los músculos, y no fue hasta que entró en la casa que se dio cuenta irritada que hasta las horas de comer tenían que ser cuando a él le fuera bien. Vaciló recordando que, después de todo, él era el que hacía el trabajo, así que parecía justo que sus comidas estuvieran calientes. Cuando pensaba eso se le ocurrió que siempre podría comer con los otros trabajadores. Nadie le había invitado a la casa principal. Y él no había esperado una invitación, pensó y luego suspiró, y diligentemente fue a darle el mensaje a Lorna, que sonrió y asintió con la cabeza.
