Siglo V. El Imperio se había hecho cristiano; corrijo: los cristianos, imperialistas. El que Canta en las Tinieblas movió contra el Imperio a los bárbaros y los hizo desaparecer.


En el siglo VII, los bárbaros eran cristianos y católicos. Don Patillas soliviantó a Mahoma, puso a medio mundo en manos de sus prosélitos, arrasó con estruendo los Santos Lugares, se metió en España. De donde nunca saldría, por decirlo así.


En el siglo IX, la Ciudad de Dios se había organizado nuevamente en Imperio (mierda de tipos, realmente); pero Él sopló (!) en los corazones la rebeldía y el orgullo, y el Imperio fue desbaratado.


Roma, en el siglo X, es el circo donde prosigue esta singular contienda. Borrado el Imperio es necesario abolir el Papado. Los violinistas del subsuelo lo sumieron en la opresión, la vergüenza y el escándalo. Mala suerte, no se logró gran cosa.


Los siglos siguientes, mejor ni acordarse. San Anselmo, las Cruzadas, la Escolástica, las Órdenes Mendicantes, la Divina Comedia, el Románico, el Gótico, la mística de la Ascética. Sobrevivir, en este clima, fue realmente heroico. En cuanto a la Comedia, no estoy muy convencido de que Él no haya estado en singular contubernio con el ñato florentino de los laureles.


El décimo cuarto termina mejor. Salvajismo, prevaricación y desenfreno. Gran repunte.


Siglo XV. A desnudarse. Los alegres dioses paganos se vienen como glaciación sin su sibónido. Lástima el nacimiento de Lutero. Gran muchacho en el fondo, algo serio a veces, para mi gusto.


Y la Gran Alborada , la edad de oro, el asado con cuero de los Magos, mucha gente excesiva no obstante, pero en agua revuelta cuchillo de palo, íncubos, súcubos, posesos, monjitas como mariposas a las que el amor hace trepar por las paredes, pactos a rajabonete, embrujamientos al paso, maleficios, filtros, insurrección simbólica y ritual, pócimas. Bebe, bebe este nepente. Rabelais. Ya asoma en el horizonte la filosofía, entre las carcajadas de Gargantúa y Pantagruel, y aquí no descubro mi secreto.



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