Hecho nada curioso si se reflexiona que, como diría el precipicio, dejad que los alpinistas y los que padecen vértigo se acerquen a mí. En principio, el miedo habitual a ciertos escalamientos; en segundo lugar, y luego de haber provocado este vinculum o Alianza con el Gran Ascensorista -conmigo-, en segundo lugar el pudor de las palabras. El pudor, no el Poder como lo llamó nuestro predilecto cosmonauta Eddie. El pudor, no la voz prometeica que al ser articulada pone en movimiento ondas incalculables que se desplazan, se expanden, tiran locamente hacia arriba y se abren en vastas ondas nuevas que convocan tempestades mientras transcurren los siglos y aquel movimiento inicial, la Palabra, sigue arreando nebulosas, ampliándose, arrastrando a su paso abanicos de arcángeles, hasta que por fin una noche hay un estallido deslumbrante y los astrónomos se lanzan sobre los telescopios. Y las niñas temen el Fin del Mundo. Y un poeta, en el Infierno, sonríe con esa cruza de melancolía triunfal y de ternura de Giuseppe el zapatero que mira desde la oscuridad a su hijo el doctor evocando los buenos viejos sufridos tiempos del tuque tuque taca, sonríe y dice: "A esa estrella, atorrantes, a esa estrella la hice nacer yo." Pero no. Nada de locura; viva el emotivo nudo en la garganta y trae para acá la guitarra, viejita, que voy a llorarte de tú. Porque en "este" país los Grandiosos Sentimientos se cantan en román carantoño. Por un lado, la esfera realista y telúrica de tomar mate con Santiago, y, acullá, la dorada comarca de los astros nacidos en hermosa lengua española. Pandemónium que el expósito quiere solucionar puerilmente tratándome de usted, y que en ciertos Meta-Encuentros como éste obligará a nuestro habilidoso mulato a bordar arcoíris de palabras cosa de postergar hasta último momento la deforme, la confianzuda, la bárbara y revolucionaria conjugación patria. ¡Revolucionaria, he dicho! Y no sólo en la esfera estética, sino en el bruto territorio de lo humano, en el capítulo batifondero de destroncar la mierdosa sociedad burguesa y cambiarlo todo y construir la Gran loa humanista.


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