
Rudy y Laura Arnold, todo sea dicho, habían tenido que afrontar una situación muy difícil. Su hijo mayor estaba confinado a una silla de ruedas a causa de una grave parálisis cerebral y su hija había sido declarada no apta para recibir la educación escolar normal. Estos dos condicionantes de la vida de los Arnold tuvieron el efecto simultáneo de concentrar prácticamente toda la atención de los padres en los dos hijos problemáticos y cargar con lo que ya era un matrimonio bastante frágil en el que Rudy y Laura se habían separado una y otra vez. Finalmente, Laura tuvo que hacerse cargo de la familia sola.
Era poco probable que Reggie, atrapado en medio de tales penosas circunstancias familiares, recibiese mucha atención de sus padres. Laura confiesa sin esfuerzo que «no hizo lo correcto con el chico», pero su padre afirma que «lo recibió en su piso cinco o seis veces», en aparente referencia al hecho de cumplir con sus obligaciones paternas durante esos periodos en los que su esposa y él vivían separados. Como es fácil imaginar, la necesidad no satisfecha de Reggie de recibir una educación normal se transformó eti intentos frecuentes de obtener la atención de los adultos. En las calles mostraba esta necesidad a través de pequeños hurtos y abusando de vez en cuando de los chicos más pequeños; en clase su conducta era mala. Este comportamiento, lamentablemente, era atribuido por sus profesores al antes mencionado «mal genio» y no al grito de ayuda que realmente era. Cuando se sentía frustrado, Reggie era propenso a lanzar su pupitre, golpearse la cabeza contra él y contra las paredes, para luego caer al suelo preso de un ataque de cólera.
El día del crimen, los informes dicen -y las imágenes de las cámaras de videovigilancia así lo confirman- que Michael Spargo y Reggie Arnold se encontraron en la tienda de la esquina próxima a la casa de los Arnold y en la ruta que seguía Michael para ir al colegio.
