Se estaba burlando de él. Se estaba mostrando decidida e irreverente. Eran buenas aptitudes, pero no en aquella situación. Meri tenía razón, él quería tener el control y sólo se le ocurría una manera de conseguirlo.

Se acercó y le quitó el helado. Después de dejarlo en la encimera, tomó su rostro entre las manos y la besó. Se abalanzó sobre ella, pretendiendo demostrarle que no había pensado bien su plan.

Ella se enderezó y gimió sorprendida. Jack se aprovechó del momento y metió la lengua en su boca.

Estaba fría por el helado y sabía a chocolate y a algo más que a su propia esencia erótica. Ignoró la suavidad de su piel, el roce sensual de su boca y el calor que le invadía.

Meri se apartó ligeramente y lo miró a los ojos.

– ¿No sabes hacerlo mejor? -dijo rodeándole el cuello con los brazos y atrayéndolo hacia ella.

Le devolvió el beso con tanta intensidad que se quedó sorprendido. Separó los labios y sus lenguas se encontraron.

Meri separó las piernas y él se colocó entre sus muslos. Aunque ella era bastante más pequeña, al estar sentada en la encimera él se acomodó en su entrepierna.

Enseguida sintió la erección. El deseo lo consumía. Deseo por una mujer a la que no podía tener.

Entonces se recordó que su reacción se debía a que estaba besando a una atractiva mujer. No era por Meri. Tal y como su secretaria había dicho, llevaba mucho tiempo solo. Ni siquiera los breves encuentros sexuales parecían interesarle ya. Se había perdido en un mundo de trabajo y nada más.

Tenía necesidades. Eso era todo.

– Interesante -dijo él apartándose.

Ella levantó las cejas.

– Ha sido mucho más que interesante y lo sabes.



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