Cuando Daphne regresó a casa con el anillo de compromiso en su dedo, le dijo que la boda sería en breve, Jennifer sintió que su futuro ya había sido asignado. Estaba en lo cierto. Un día, aprobechando el momento en que su hija estaba en la oficina, la Sra. Cavendish tuvo una larga conversación con su vecina.

Al regresar del trabajo, Jennifer encontró todo resuelto. La madre empezó el tema, explicando que el contrato de alquiler estaba por expirar, no tenía la intención de renovarlo. El tono de la conversación hasta el momento indicaba que la llevarían a vivir con ellos a China.

– Eso es normal, mamá. No quieres tener una casa aquí y otra en Hong Kong. Sería un desperdicio.

– Me alegro de veas las cosas desde ese ángulo, querida. Gemmill ha convenido en aceptarte como huésped a cambio de una pequeña cuota. – Esas palabras cayeron como una bomba a Jennifer:

– Tengo que vivir con la señora Gemmill? ¿Por qué no puedo quedarme aquí en esta casa?

Las emociones se mezclaron, Jennifer aún luchaba por aceptar la idea de que no había lugar para ella en la nueva vida de su madre. De repente, tenía que vivir con una señora que, a pesar de que parecía ser una buena persona, era muy anciana a los ojos de una muchacha de diecisiete años.

– Trata de entender, querida. Como dije, no voy a renovar el contrato. Además, no me gusta la idea de que vivas sola.

Jennifer se conformó un poco al ver que la madre todavía se preocupaba por ella.

– No hay problema, voy a estar bien. Puede…

Su madre la interrumpió:

– De todos modos, incluso si la propiedad permitiese a una niña de tu edad renovar un contrato de arrendamiento, lo cual dudo, nunca serías capaz de mantenerla con lo que ganas.

La madre le dijo la verdad. La paga era baja, en consonancia con la posición del recién formada, que ocupaba Jennifer. Sin embargo, no se dio por vencida. Al día siguiente visitó varias propiedades para saber qué tipo de apartamento estaba en condiciones de pagar. Fue frustrante el admitir que incluso los pequeños apartamentos estaban muy por encima de sus posibilidades. No encontró otra alternativa que vivir con la señora Gemmill.



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