
La fe que inspira una idea, vaga y tenue como un aliento, pero la cual, precisándose, llega á ser una verdad demostrada; esa es la fe que ha alcanzado la plenitud de su desenvolvimiento, y por lo tanto, la perfecta afirmación de sí misma.
La Fe no es precisamente creer lo que no se ha visto, sino comprender que los cimientos de lo visible reposan en lo invisible.
Es la Fe una especie de Intuición o evidencia inmediata. La Intuición es la base del conocimiento, mas no es todo el conocimiento, y este en gran parte es construido mientras se comprueba la Intuición primordial, lo que es función del Juicio.
La investigación de la verosimilitud es ya un principio de Comprobación.
Viste la Fe una túnica blanca como una página virgen.
Es, en efecto, una verdadera túnica virginal. La Fe siempre ha sido inmaculada.
Hacerla desvanecer, es posible: mancharla, no.
Los cultos, las iglesias, habrán podido ahuyentarla, huir, acaso ocultando, llena de vergüenza, el rostro entre las manos; habrán podido conservar en vez de ella, un maniquí de ojos vendados, cuyo casi antifaz hiciera más fácil la sustitución; lo único que jamás pudieron es profanarla.
La Fe está donde están la Pureza, la Verdad y la Libertad:
No se concilia con los móviles interesados;
No se aviene con el oscurantismo;
No se somete á las cadenas del dogma.
Ni en las mansiones donde la Verdad cede su puesto al dogmatismo, donde la Libertad es pecado; donde se entiende por Pureza la aridez del alma y el desecamiento de las fuentes de la vida, veis una forma temerosa y vacilante que avanza hacia un oscuro rincón y se prosterna en él; ¿creeréis que es la Fe?
– No.
Quien así se humilla en rincones oscuros es, a veces, el terror, y otras veces, la hipocresía: nunca la Fe, que permanece eternamente erguida, eternamente blanca, flotante en la luz, rozando apenas la tierra con la punta de los pies…l
Mientras su mano izquierda quita la venda, la derecha empuña el mallete, símbolo de la autoridad que confieren el conocimiento superior y el equilibrio interno.
