
– He traído libros, papeles para trabajar.
– Yo también he traído todos los libros que la bibliotecaria ha querido prestarme sabiendo que no voy a devolverlos en tres meses, pero insisto en que una copa de vez en cuando nos vendrá bien.
– Tomaré un poco de vino de la zona, eso me bastará.
– ¡Que Dios le ampare! El vino de esta tierra tiene más grados que el alcohol de quemar y prácticamente sabe igual.
– No importa, lo probaré.
Infante hizo un gesto con ambas manos: «Allá usted». Las expectativas de confraternización con su compañero se le antojaron más que menguadas. Tanto mejor, la convivencia excesivamente estrecha crea problemas. En cualquier caso, él no pensaba renunciar a un pequeño alijo de contrabandista pagado, naturalmente, por la bolsa de la expedición.
Se alojaron en el Siboni, un hotel art déco que daba la impresión de lujo y esplendores un tanto pasados. Al bajar sus equipajes de la «rubia», Infante se dio cuenta de hasta qué punto la impedimenta del francés era más voluminosa y elegante que la suya: una pesada maleta de cuero y un gran bolsón de viaje a juego, frente a su mochila de lona, acartonada y descolorida por el uso. Era obvio que un francés rico necesitaba muchas más cosas para vivir que un español pobre.
Comieron en el restaurante del hotel. El periodista pidió todo cuanto pudo tragar, no pensaba desaprovechar las ocasiones de gozar de una buena mesa. Por el contrario, Nourissier estuvo parco, casi ascético: una simple ensalada y un bistec.
– Esta tarde puede hacer un poco de turismo por la ciudad mientras yo preparo una cita con mi contacto.
– ¿Qué esperamos de su contacto?
– En el año 54 todas las fuerzas del maquis se habían retirado a Francia. La actividad de la guerrilla se daba por terminada. Sólo quedaban dos maquis, mejor dicho, dos desertores del maquis operando por su cuenta en la zona: La Pastora y su compinche Francisco. Estaban solos, aislados, desesperados. Vivían de lo que robaban a los masoveros: pequeños asaltos en los que se llevaban comida o un poco de dinero. Sin embargo, el dos de agosto deciden asaltar la masía de los Nomen, ricos industriales.
