
– Ahora es diferente.
– ¿En qué sentido?
– La gente me habla.
Jesse sonrió al saber que ya tenía resultados.
– ¿Te refieres a las mujeres?
Matt sonrió.
– Sí. Muchas de las secretarias han empezado a saludarme. Y hay una mujer del departamento financiero que me pidió que la ayudara a llevar unas cosas a su coche, pero no era mucho y ella podría haberlo hecho sola perfectamente.
– ¿Y le pediste que saliera contigo?
– ¿Cómo? No -dijo él, horrorizado-. No podía hacer algo así. Era… bueno, ya sabes… mayor.
– ¿Cuánto?
– Unos cinco o seis años. No es posible que esté interesada en mí.
– Oh, querido, tienes mucho que aprender sobre las mujeres. Eres alto, estás en buena forma y eres guapo. Tienes un buen trabajo, eres amable, divertido y listo. ¿Cómo no ibas a interesarle?
Él enrojeció.
– Yo no soy así.
– Sí, exactamente así. Estaba ahí todo el tiempo, escondido detrás del protector de bolsillo -dijo ella, y entornó los ojos-. Te dije que los tiraras todos. ¿Lo has hecho?
Él puso los ojos en blanco.
– Sí, te he dicho que sí.
– Está bien.
El camarero se acercó y tomó nota de las bebidas que querían. Cuando se las sirvió, un poco más tarde, Jesse dijo, mientras removía su té helado:
– Estás haciendo algunos cambios estupendos. ¿Cómo te sientes al respecto?
– No vas a conseguir que hable de lo que siento. Es una incapacidad masculina.
– Buena respuesta.
– ¿Me estás tomando el pelo?
– Tal vez un poco.
– Me aguantaré.
Sin dejar de mirarla, Matt le preguntó:
– ¿Cuál es tu historia? Sé que no eres asesora de estilo de vida. ¿Quién eres, y qué haces cuando no me estás obligando a ir al centro comercial?
