Hay alusiones al latifundio y a sus procedimientos (cap. 6), y a la faramalla politiquera de los primeros años de la República intervenida (cap. 27). Hay un ciclón que prefigura el que habrá de verse en El Siglo de las Luces. La secuencia del rompimiento ñáñigo se debe a lo apuntado por mí en ceremonias a las cuales asistía en compañía del compositor Amadeo Roldan, cuando trabajábamos en el texto y música de los ballets. La rebambaramba y El milagro de Anaquillé. (Desde entonces esas cuestiones se estudiaron a fondo, pero, dentro de un tratamiento que no aspira al rigor científico, lo descrito, en sus líneas generales, responde bastante exactamente a la realidad.) Los cuadros de la prisión son los que contemplaba yo en los días mismos en que escribí el primer estado de la novela -poco modificado, aunque bastante ampliado, en la versión de 1933.

Muerto Menegildo, nace un segundo Menegildo -su hijo- en el capítulo final de la novela. Ese tendrá veintiocho años en 1959. Habrá visto otras cosas, habrá oído otras palabras. Y, para él, «otros gallos cantarán» -como hubiese dicho el sentencioso Usebio Cué- en el alba de una Revolución que habrá de darle su dignidad y dimensión de Hombre, dentro de una realidad nueva, sobre un suelo donde, hasta entonces, por el color de su piel, tal dimensión le era negada.


Alejo Carpentier

I INFANCIA

1 Paisaje (a)

Anguloso, sencillo de líneas como figura de teorema, el bloque del Central San Lucio se alzaba en el centro de un ancho valle orlado por una cresta de colinas azules. El viejo Usebio Cué había visto crecer el hongo de acero, palastro y concreto sobre las ruinas de trapiches antiguos, asistiendo año tras año, con una suerte de espanto admirativo, a las conquistas de espacio realizadas por la fábrica.



6 из 151