
Capítulo 4
EL anuncio de abordar el avión para el vuelo a Bahrein apareció en el monitor y con un suspiro de alivio, Tara se dirigió hacia la puerta indicada.
Adam apenas si había cruzado palabra con ella desde que fue a recogerla esa mañana. Como de costumbre, ella vestía con la mayor discreción con el cabello recogido en el moño de rigor. Discreta hasta la invisibilidad.
Adam vestía ropa apropiada para el viaje, lo cual ella habría hecho de no necesitar la armadura que le brindaba su ropa de trabajo. Sin decir palabra, él estudió sus facciones con tanta intensidad, que la sonriente fachada de Tara casi se derrumba.
El silencio se prolongó tanto, que cuando Adam habló, la sobresaltó.
– ¿Vendrá, entonces? ¿No se opondrá el señor Lambert? -se asomó por encima del hombro de ella, desafiándolo a que hiciera acto de presencia.
– El señor Lambert no está en posición de oponerse -le indicó ella en voz baja.
– Entonces, será mejor que partamos -sin más, Adam tomó la maleta y bajó hasta el auto con chofer que los llevaría al aeropuerto.
Tara lo siguió y se acomodó en el asiento posterior con la esperanza de que él ocupara el asiento junto al chofer. Esperanza inútil. Adam fue a sentarse a su lado, extendió las piernas y cerró los ojos.
Alguien debía hacer el esfuerzo por establecer una relación normal, o el viaje sería una pesadilla, reflexionó la joven, así que comentó:
– El vuelo saldrá a tiempo, ya lo comprobé.
– Eficiente como siempre, señora Lambert.
– Por favor, no…
– ¿Por qué no? -preguntó él con tono hiriente y tan helado como sus ojos-. Sólo respondo a su petición.
