Entró en el estudio y miró a su alrededor. Sólo había dos puertas, una que daba al vestíbulo y otra que daba al dormitorio y la ventana estaba cubierta con una reja de hierro… Se acercó a ella y vio que la reja estaba empotrada en la mampostería. Ni tan siquiera se podía meter la cabeza por entre los arabescos de hierro. ¿Luego, qué? Exactamente. ¿Luego, qué? ¿Qué demonios hacer? ¿Qué haría ese tipo listo? Probablemente, sentarse y escribir un libro sobre ello, pensó Nikki con amargura. Él escribía a partir de la experiencia del momento. ¡Oh!, sí, claro. La vida. La vida como es.

Nikki dio un pequeño bufido. De pronto se sintió muy tranquila. Se estaba divirtiendo, se dijo a sí misma. Muy bien, ¿por qué no escribir? Escribir exactamente lo que había pasado. Claro. Le diría al señor Braun que ella era una escritora. El señor Queen no había pensado en sus sentimientos cuando la había cazado buscando una historia. Esa sería su explicación cuando saliese el señor Braun. Se pondría a trabajar en ese mismo momento.

Abrió el cajón del escritorio, encontró algunas hojas de papel y un lápiz, y se sentó.

– Trampa para una chica: por Nikki Porter -escribió en la cabecera de la página y se echó hacia atrás en la silla para pensar.

Estaba todavía sumida en sus pensamientos cuando el repiqueteo de un timbre penetró en su conciencia. Era sin lugar a dudas el sonido de un teléfono. Estaba sonando en el dormitorio. Pero ¿por qué no contestaba? ¿Por qué dejaba que siguiese sonando? ¡Claro! Se sentó erguida. El no estaba allí. Había salido por otra puerta. ¡Genial! Podía escaparse.

Rápidamente cogió el papel del escritorio y fue a la puerta de la alcoba. Escuchó. El teléfono sonaba todavía intermitentemente. Abrió la puerta con cuidado. La habitación parecía estar vacía. Había dos puertas en el lado opuesto. Anduvo de puntillas hacia la más cercana a ella. A mitad de camino se paró bruscamente. Se llevó una mano a la boca.



32 из 110