
Primera Parte
Marzo de 1820, Londres
Capítulo 1
… no diría que la vida es maravillosa, pero no es tan terrible. Hay mujeres, al fin y al cabo, y donde hay mujeres, seguro que lo paso bien…
De una carta de Michael Stirling,
Regimiento de Infantería 52,
a su primo John, conde de Kilmartin,
durante las guerras napoleónicas.
En la vida de toda persona hay un momento crucial, decisivo. Un momento tan fundamental, tan fuerte y nítido que uno se siente como si le hubieran golpeado en el pecho, dejándolo sin aliento, y sabe, con la más absoluta certeza, sin la menor sombra de duda, que su vida nunca volverá a ser igual.
En la vida de Michael Stirling, ese momento ocurrió la primera vez que vio a Francesca Bridgerton.
Después de toda una vida de irles detrás a las mujeres, de sonreír ladinamente cuando ellas le iban detrás a él, de dejarse atrapar y luego volver las tornas hasta ser el vencedor, de acariciarlas, besarlas y hacerles el amor, pero sin comprometer jamás su corazón, le bastó una sola mirada a Francesca Bridgerton para enamorarse tan total y perdidamente de ella que fue una maravilla que se las arreglara para mantenerse en pie.
Pero, por desgracia para él, el apellido de Francesca continuaría siendo Bridgerton sólo treinta y seis horas más, porque la ocasión en que la conoció fue, lamentablemente, una cena para celebrar sus inminentes nupcias con su primo.
La vida era así de irónica, solía pensar cuando se encontraba de humor amable.
Cuando se encontraba de humor menos amable empleaba un adjetivo totalmente distinto.
Y desde que se enamoró de la mujer de su primo no era frecuente que se encontrara de humor amable.
Ah, lo ocultaba muy bien, eso sí. No le convenía mostrarse triste ni abatido, porque entonces algún alma fastidiosamente perspicaz podría notarlo y, no lo permitiera Dios, hacerle preguntas acerca de cómo le iba la vida.
