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La señora Forbes, del colegio, dijo que Madre al morir se había ido al cielo. Eso lo dijo porque la señora Forbes es muy vieja y cree en el cielo. Y lleva pantalones de chándal porque dice que son más cómodos que los pantalones normales. Y una de sus piernas es ligeramente más corta que la otra a causa de un accidente de moto.

Pero Madre al morir no había ido al cielo, porque el cielo no existe.

El marido de la señora Peters es un párroco al que todos llaman reverendo Peters, y de vez en cuando viene a nuestra escuela a hablarnos. Yo le pregunté dónde estaba el cielo y él me contestó:

– No está en nuestro universo. Está en otro sitio completamente distinto.

A veces, cuando piensa, el reverendo Peters hace unos raros chasquidos con la lengua. Y fuma cigarrillos, y se los puedes oler en el aliento, y eso a mí no me gusta.

Le dije que no había nada fuera de nuestro universo y que no existía ningún sitio completamente distinto. Quizá lo haya si uno logra atravesar un agujero negro, pero un agujero negro es lo que se llama una «Singularidad», que significa que es imposible saber qué hay del otro lado porque la gravedad de un agujero negro es tan grande, que ni siquiera ondas electromagnéticas como la luz pueden salir de él, y es a través de las ondas electromagnéticas como obtenemos la información de lo que está muy lejos. Si el cielo estuviera al otro lado de un agujero negro, a las personas muertas tendrían que lanzarlas al espacio en cohetes para llegar allí, y no las lanzan, o la gente ya se habría dado cuenta.

A mí me parece que la gente cree en el cielo porque no le gusta la idea de morirse, porque quiere seguir viviendo y no le gusta la idea de que otras personas se muden a su casa y echen sus cosas a la basura.

El reverendo Peters dijo:

– Bueno, cuando digo que el cielo no está en nuestro universo, en realidad, es por decirlo de alguna manera. Supongo que lo que en realidad significa es que están con Dios.



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