

Luego, me aseguré de que llevaba la navaja del Ejército Suizo en el bolsillo y salí. Llamé a la puerta del número 40, que es la de enfrente de la casa de la señora Shears, y eso significa que era más probable que hubiesen visto algo. La gente que vive en el número 40 se llama Thompson.
El señor Thompson me abrió la puerta. Llevaba una camiseta que decía
Cerveza.
Más de 2.000 años
ayudando a los feos
a tener relaciones sexuales.
El señor Thompson me dijo:
– ¿En qué puedo ayudarte?
– ¿Sabe usted quién mató a Wellington? -dije.
No lo miré a la cara. No me gusta mirar a la gente a la cara, en especial si son desconocidos. Durante unos segundos no dijo nada. Luego preguntó:
– ¿Y tú quién eres?
– Soy Christopher Boone, del número 36, y sé quién es usted. Usted es el señor Thompson -dije.
Y él dijo:
– Soy el hermano del señor Thompson.
– ¿Sabe quién mató a Wellington? -dije yo.
– ¿Quién coño es Wellington? -dijo él.
– El perro de la señora Shears. La señora Shears es la del número 41 -dije.
– ¿Alguien le mató al perro? -dijo.
– Con una horca -dije yo.
– Dios santo -dijo él.
– Con una horca de jardín -dije yo, no fuera a pensar que me refería a un cadalso. Entonces dije-: ¿Sabe usted quién lo mató?
– No tengo ni la más mínima idea -dijo él.
– ¿Vio usted algo sospechoso la noche del jueves? -dije yo.
– Oye, hijo -me dijo-, ¿de verdad te parece que tienes que andar por ahí haciendo preguntas como ésa?
Y yo le dije:
– Sí, porque quiero descubrir quién mató a Wellington y estoy escribiendo un libro sobre eso.
Y él dijo:
– Bueno, pues el jueves yo estaba en Colchester, así que le estás preguntando al tipo que no toca.
