
Maggie respiró profunda y tranquilamente, se obligó a mirar alrededor, concentrándose en otras cosas dejando a un lado la crispada necesidad que avanzaba por su cuerpo.
– ¿Maggie? -Avisó Drake otra vez.
– ¿Estás seguro que ésta es la casa de mis padres? -preguntó ella, mirando sobrecogida la orfebrería. La forma en que la casa se entremezclaba con los árboles, las parras y las flores hacía virtualmente imposible verla a menos que se la mirara directamente o que se supiera exactamente dónde mirar. Había sido ingeniosamente diseñada para parecer una parte misma de la selva.
– Ha pertenecido a tu familia durante generaciones, -dijo Drake.
Con la menguante luz era difícil de ver, pero parecía como si hubieran varias superficies planas recorriendo la longitud del tejado, casi como caminos. La habitación estaba considerablemente inclinada, con buhardillas sobresaliendo y mini balcones a juego.
– ¿Hay un ático?
La casa ya tenía tres plantas. Parecía increíble que pudiera haber un ático en toda la parte superior, pero las grandes ventanas indicaban otra cosa.
– ¿Y que son esos puntos planos en el tejado?
Drake dudó, luego se encogió de hombros con indiferencia cuando abrió la puerta principal. -El tejado es llano en algunos lugares para tener espacio para un fácil recorrido si tiene que ser usado como ruta de escape. También hay un túnel en el sótano. Y sí, hay un ático.
Maggie permaneció de pié en el umbral, observando estrechamente la cara de Drake. -¿Por qué necesitaría una ruta de escape? ¿De quién o de qué tendría yo que escapar?
