

Carlos Castaneda
El Don Del Águila
PRÓLOGO
A pesar de que soy antropólogo, ésta no es, estrictamente, una obra de antropología; sin embargo, tiene sus raíces en la antropología cultural, puesto que se inició hace años como una investigación de campo en esa disciplina. En aquella época yo estaba interesado en estudiar los usos de las plantas medicinales entre los indios del suroeste de los Estados Unidos y del norte de México.
Mi investigación, con los años, se transformó en algo más, como consecuencia de su propio impulso y de mi propio crecimiento. El estudio de las plantas medicinales fue desplazado por el aprendizaje de un sistema de creencias que daba la impresión de abarcar cuando menos dos culturas distintas.
El responsable de este cambio de enfoque en mi trabajo fue un indio yaqui del norte de México, don Juan Matus, quien más tarde me presentó a don Genaro Flores, un indio mazateco del México central. Los dos eran adeptos practicantes de un antiquísimo conocimiento, que en nuestros días se le llama, comúnmente, brujería y que se considera una forma primitiva de ciencia médica y psicológica, siendo en realidad una tradición de practicantes insólitamente disciplinados y de prácticas extraordinariamente sofisticadas.
Los dos hombres se convirtieron en mis maestros más que en mis informantes, pero yo aún así persistía, de una manera desordenada, en considerar mi tarea como un trabajo antropológico; pasé años tratando de deducir la matriz cultural de ese sistema; perfeccionando una taxonomía, un patrón clasificatorio, una hipótesis de su origen y diseminación. Todos resultaron esfuerzos vanos ante el hecho de que las apremiantes fuerzas internas de ese sistema descarrilaron mi búsqueda intelectual y me convirtieron en su participante.
Bajo la influencia de estos dos hombres poderosos mi obra se ha transformado en una autobiografía, en el sentido de que me he visto forzado, a partir del momento en que me volví participante, informar lo que me ocurre.
