Don Juan llevó más adelante su punto de vista. Dijo que tomar notas era una manera. de ocupar la primera atención en la tarea de recordar, que yo tomaba notas para recordar lo que se decía y hacía. La recomendación de don Genaro no era una broma, porque escribir con la punta de mi dedo en un pedazo de papel, siendo el no-hacer de tomar notas, forzaría a mi segunda atención a enfocarse en recordar, y ya no acumularía hojas de papel. Don Juan creía que a la larga el resultado sería más exacto y más poderoso que tomar notas. Nunca se había hecho, en cuanto a lo que él sabía, pero el principio era sólido.

Por un corto tiempo, me presionó para que lo hiciera. Me sentí perturbado. Tomar notas no sólo me servía como recurso mnemotécnico, también me aliviaba. Era mi muleta más útil. Acumular hojas de papel me daba una sensación de propósito y de equilibrio.

– Cuando te pones a cavilar en lo que vas a hacer con tus hojas -explicó don Juan-, estás enfocando en ellas una parte muy peligrosa de ti mismo. Todos nosotros tenemos ese lado peligroso, esa fijeza. Mientras más fuertes llegamos a ser, más mortífero es ese lado. La recomendación para los guerreros es no tener nada material en qué enfocar su poder, sino enfocarlo más bien hacia el espíritu, en el verdadero vuelo a lo desconocido, no en salvaguardas triviales. En tu caso, las notas son tu salvaguarda. No te van a dejar vivir en paz.

Yo creía seriamente que no había manera alguna sobre la faz de la tierra, que me disociara de mis notas. Pero don Juan concibió una tarea para llevarme a ese fin. Dijo que para alguien que era tan posesivo como yo, el modo más apropiado de liberarme de mis cuadernos de notas sería revelándolos, echándolos a lo abierto, escribiendo un libro. En esa época pensé que ésa era una broma mayor aún que tomar notas con la punta del dedo.



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