"No hay tiempo," Padre Bernard dijo.

"Mi propiedad está sólo a una escasa hora a caballo hacia el norte," el Sajón hablaba persuasivamente. "En menos dos horas ella puede estar al lado del hombre."

Gage estudió la cara de Richard. "¿Y qué desea a cambio de esa curandera?"

"Sólo la libertad, " dijo Richard." Y la oportunidad de servirle."

Gage dudó y luego dijo de manera cortante, "Puede tener su libertad, pero sólo unas horas para que te maten mis soldados. No tomo enemigos a mi servicio." Se giró hacia el Capitán LeFont, quien era responsable de los prisioneros. "Tome al hombre y una compañía de soldados hacia ese Redfern y vuelva con la mujer."

"No se preocupe," Richard dijo mientras el capitán cortaba sus cadenas. "Por otro lado, estoy seguro que puedo demostrar cuan útil puedo ser."

"No me preocupa nada su utilidad. No tendrá la oportunidad de hacer nada más útil servir de restos para los sabuesos en mi mesa si Malik muere." Gage se giró hacia otro soldado. "Prepara mi tienda. Nos estableceremos aquí."

El capitán LeFont se dio la vuelta con sorpresa. "Pero pensé que su gracia deseada seguir hacia Londres."

"Entonces él puede hacerlo sin mí. Me uniré más tarde."

Padre Bernard tristemente sacudió su cabeza. "Disgustará a su gracia por nada. No dará resultado. Él no puede salvarse"

Gage se volvió hacia Malik para que el sacerdote no viera el pánico que sus palabras habían causado en él. "Él se salvará."


* * *

"Rompisteis… tu promesa. La voz de Malik era un mero aliento de sonido en la oscuridad de crepúsculo de la tienda. "Dijisteis… los bárbaros no me matarían."

"Calla." Gage con cuidado quitó el pelo de Malik de su cara. "Ahorra tu fuerza."

"Cuando un hombre se muere, debería decir… muchas cosas." Los ojos de Malik se cerraron. "Pero no puedo pensar. No estaba… preparado."



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