Como es habitual en cualquier novela de suspense, no todo es lo que parece en la Trilogía del Cristo clonado, de forma que el lector no debe dar nada por sentado hasta haber concluido la lectura de la trilogía completa. No obstante, soy consciente de que una historia sobre la clonación de Cristo puede ser contemplada con recelo por algunos cristianos. Durante la lectura, por tanto, se ha de tener presente en todo momento lo siguiente: primero, que ninguno de los personajes, ninguno, habla por boca del autor. Segundo, que he adoptado el punto de vista de un narrador objetivo, que cuenta la historia y transcribe los diálogos según se van desarrollando, y que se resiste a juzgar o comentar la veracidad de los personajes de la historia. Al lector cristiano le pido paciencia y le recuerdo las palabras de Eclesiastés 7, 8: «Mejor es el remate de una cosa que su comienzo».

Así pues, invito al lector a disfrutar de la Trilogía del Cristo clonado, sean cuales sean sus convicciones religiosas.

«¿Son éstas las sombras de las cosas que han de suceder, o solamente de las que es posible que sucedan?»

Charles Dickens, Canción de Navidad

«Pues surgirán falsos mesías y falsos profetas y realizarán grandes señales y portentos, hasta el punto de engañar, si fuera posible, aun a los elegidos.»

Mateo 24,24


PRÓLOGO

EL PODER EN ÉL; EL PODER EN TODOS NOSOTROS

Desierto de Israel

Acababa de amanecer. Robert Milner guiaba a Decker Hawthorne, que al volante de un jeep de alquiler atravesaba el puerto de montaña para reunirse con Christopher. Había cargado el coche con comida, agua embotellada y un botiquín de primeros auxilios. En su mente se alternaban la preocupación por el estado en el que iban a encontrar a Christopher y la expectación por lo que Robert Milner le contara en el vestíbulo del Ramada Renaissance cuarenta días atrás.



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