
– De hecho, estuvimos hablando de matrimonio -decidió decir Julian-. Estuvimos hablando del futuro.
Los ojos de Nan se dilataron. Algo parecido al alivio borró la preocupación de su rostro.
– ¿Matrimonio? ¿Nicola ha accedido a casarse contigo? ¿Cuándo? Quiero decir, ¿cuándo lo decidisteis? Nunca dijo ni una palabra. Es una noticia estupenda, absolutamente maravillosa. Cielos, Julian, me siento aturdida. ¿Se lo has dicho a tu padre?
Julian no quería mentir, pero tampoco se decidía a contar toda la verdad. Se afianzó en un precario terreno medio.
– En realidad, solo habíamos empezado a hablar. De hecho, esta noche teníamos que continuar hablando.
Andy Maiden observaba a Julian con recelo, como si supiera muy bien que cualquier conversación sobre matrimonio entre su hija y Julian Britton sería tan improbable como una discusión sobre la cría de ovejas.
– Un momento. Creí que ibais a Sheffield.
– Exacto, pero pensábamos hablar por el camino.
– Bien, Nicola no se olvidaría de eso -declaró Nan-. Ninguna mujer olvidaría que tiene una cita para hablar de matrimonio. -Se volvió hacia su marido-. Cosa que tú deberías saber muy bien, Andy. -Guardó silencio un momento, absorta al parecer en aquel pensamiento final, mientras Julian reflexionaba en el inquietante hecho de que Andy aún no había contestado a las preguntas de su mujer sobre la llamada telefónica que acababa de hacer. Nan llegó a una conclusión sobre ello-. Dios. Acabas de llamar a la policía, ¿verdad? Crees que le ha pasado algo, porque no se ha presentado a la cita con Julian. Y no querías que yo me enterara, ¿verdad?
Ni Andy ni Julian contestaron. No hacía falta.
– ¿Y qué iba a pensar cuando llegara la policía? -preguntó Nan-. ¿Creíste que seguiría sirviendo café sin preguntar qué pasaba?
