Henry, que solía ser un joven muy reservado, perdió la timidez con rapidez. Em los observó en silencio, escuchando las acertadas preguntas de Filing y las respuestas de su hermano sobre diversos temas; el intercambio de opiniones y experiencias hizo que la joven asintiera para sus adentros. Filing sería un buen mentor.

Henry y él convinieron que Henry regresaría esa misma tarde a las dos en punto con todos sus libros, y que Filing y él idearían un plan cuyo objetivo, como Em había reiterado, sería conseguir entrar en Pembroke, la universidad a la que su padre había asistido en Oxford.

– Allí tenemos nuestros contactos, por supuesto -dijo ella, girándose hacia la puerta-. Sabemos que si Henry obtiene las calificaciones requeridas, habrá un lugar allí para él.

– Excelente.

Filing la acompañó hasta la puerta. Henry se despidió de Tallent con un gesto de cabeza y luego la siguió.

Em se detuvo en la puerta y se volvió hacia Filing.

– Deberíamos hablar sobre sus honorarios.

Filing la miró con una expresión que era una mezcla de dicha y bondad.

– Si no le importa, le sugiero que dejemos el tema para más tarde, una vez que Henry y yo decidamos definitivamente las clases que deberá tomar. -Filing miró a su hermano-, Henry está muy adelantado, y puede que sólo necesite un poco de guía en vez de una enseñanza activa, algo que estaré encantado de proporcionarle.

Em asintió con la cabeza.

– De acuerdo, resolveremos este asunto más adelante.

Consciente de la presencia de Tallent junto a la ventana -como si sus nervios fueran a permitirle lo contrario-, la joven se giró hacia él y se despidió con una inclinación de cabeza.

– Buenos días, señor Tallent.

Él curvó los labios e inclinó la cabeza cortésmente.



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