
Víctor Alexéyevich Gordéyev, apodado el Buñuelo, jefe del departamento de Kaménskaya.
Victoria Yeriómina, o Vica, secretaria de una empresa privada, hija de Támara Yeriómina.
Yevgueni Morózov, o Zhenia, capitán de una comisaría de distrito.
Detectives del departamento
Mijaíl Dotsenko, o Misha, Míshenka; vladímir Lártsev, o Volodya, Volodka, Volódenka, viudo de Natasa y padre de Nadia, o, cariñosamente, Nadiusa; Andrei Chernyshov, o Andriusa; Igor Lesnikov; Yuri Korotkov, o Yura; Nikolay Seluyánov, o Kolia; Víctor Sergadéyev.
CAPÍTULO 1
– ¡Paren! ¡Paren! ¡Quieto todo el mundo! De momento, todo va muy mal.
El director segundo Grinévich batió las palmas irritado y se volvió hacia la joven que estaba sentada a su lado.
– ¿Lo ves? -dijo con voz quejumbrosa-. Esas niñas bonitas son incapaces de hacer nada a derechas. A veces me desespero, me parece que mi obra será un fracaso. Sea cual sea la imagen que pretendan dar, se empeñan en enseñar al público lo que mejor saben hacer. ¡Larisa!
Una joven alta y esbelta, embutida en una malla oscura, se acerco al borde del escenario y se sentó allí con gracia, dejando colgada una pierna y colocando la rodilla de la otra junto al pecho.
– Larisa, ¿quién eres? -le preguntó Grinévich con severidad-. Interpretas el papel del perro mestizo, fruto de amores prohibidos entre un fox-terrier y un pequinés. Debes ser juguetona, amable, cariñosa, algo exaltada. Pero lo más importante es que seas pequeñita. Pequeñita, ¿me explico? Pasitos cortos, nada de gestos amplios con las manos. ¿Y tú qué me muestras? ¿Al galgo ruso? Por supuesto, te viene bien para exhibir tu cuerpazo. Esto, querida, no es un concurso de belleza, aquí tu cuerpo no le interesa a nadie. No quiero ver tu pechuga turbadora sino a una diminuta perrita sin raza. ¿Está claro?
Larisa escuchó al director segundo frunciendo el entrecejo y balanceando el delicado pie.
