Después de aparcar, caminó hacia el almacén pintado de beis que albergaba el historial de violencia de la ciudad. Los mil metros cuadrados del edificio contenían los archivos de todos los casos del Departamento de Policía de Los Ángeles, resueltos o sin resolver. Allí iban a parar los archivos de los casos cuando nadie más se preocupaba por ellos.

En el mostrador de la entrada, una administrativa civil estaba cargando archivos en un carrito para que pudieran ser llevados a los estantes y olvidados. Por la forma en que examinó a Bosch, éste supo que era raro que alguien se presentara allí en persona. Todo se hacía por teléfono y mediante mensajeros municipales.

– Si está buscando actas del ayuntamiento es en el edificio A, al otro lado del solar. El edificio con molduras marrones.

Bosch mostró su tarjeta de identificación.

– No, quería sacar el expediente de un caso.

Bosch metió la mano en el bolsillo del abrigo mientras ella se acercaba al mostrador y se inclinaba para leer su identificación. Era una mujer menuda, de raza negra, con el pelo gris y gafas. Según rezaba la tarjeta que llevaba en la blusa se llamaba Geneva Beaupre.

– Hollywood -leyó la mujer-. ¿Por qué no ha pedido que se lo enviáramos? No hay prisa con estos casos.

– Estaba en el centro, en el Parker… De todos modos quería verlo lo antes posible.

– Bueno, ¿tiene el número?

Bosch sacó del bolsillo un trozo de papel con la referencia 61-743. Geneva Beaupre se dobló para leerlo y levantó la cabeza de golpe.

– ¿Mil novecientos sesenta y uno? ¿Quiere un caso de…? No sé dónde están los casos del sesenta y uno.



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