El título de mayor grado era el de ollamh, palabra que todavía hoy se emplea en irlandés moderno para «profesor». Fidelma estudió derecho y, en concreto, el código penal del Senchus Mór y el código civil del Leabhar Acaill. Por tanto, obtuvo el título de dálaigh o abogada de los tribunales.

Sus funciones podrían equipararse a las de juez suplente de un distrito, cuya labor consiste en recopilar y evaluar las pruebas al margen de la policía, a fin de averiguar si una acusación tiene fundamento o no. La denominación de «juez de instrucción» encierra una función similar.

En aquella época, buena parte de las clases profesionales e intelectuales eran miembros de las nuevas órdenes religiosas cristianas, del mismo modo que, en siglos anteriores, los profesionales e intelectuales eran los druidas. Fidelma ingresó en la orden religiosa de Kildare, fundada a finales del siglo v d. C. por santa Brígida.

Si el siglo VI d. C. ha sido considerado en Occidente como parte de la Edad de las tinieblas, para Irlanda fue una «Edad de Oro». Estudiantes de todas partes de Europa acudían a las universidades irlandesas para formarse, incluso los hijos de los reyes anglosajones acudían a ellas. Hay constancia de que, en la universidad de Durroe, había al menos dieciocho naciones de aquella época representadas entre los estudiantes. Al mismo tiempo, misioneras y misioneros irlandeses partían a ultramar para reconvertir al cristianismo a una Europa pagana; construyeron iglesias y fundaron monasterios y centros de estudio por todo el continente hasta Kiev (Ucrania) por el este, las islas Feroe por el norte y Tarento por el sur, en Italia. Irlanda era sinónimo de alfabetización y educación.

Sin embargo, la Iglesia celta de Irlanda tuvo constantes enfrentamientos con la Iglesia de Roma en cuestiones litúrgicas y rituales.



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