
– Perfecto. Así pues, nos vemos luego. -Colgó sin darle más vueltas al asunto y regresó al trabajo. En ese momento, Adrian estaba planteándole sus ideas a los otros redactores; cuando acabó, era casi la una y cuarto. Ella le echó un vistazo al reloj y la reunión tocó a su fin. Recogió sus papeles y los tiró a la papelera, agarró el bolso y salió de su despacho.
– ¿Dónde vas? ¿Quieres que vayamos a comer? -le preguntó Adrian con una sonrisa. La reunión había ido bien y ambos estaban satisfechos de cómo había quedado el número de agosto ahora que estaba definitivamente completo.
– No puedo. Estoy ocupada. Voy a comer con el director de nuestra agencia de publicidad. -Estuvo a punto de invitar a Adrian a que se sumase, pero no lo hizo.
– Creía que os habíais visto ayer. -Alzó una ceja. Sabía que Fiona no quedaba a comer con nadie si no se veía obligada a hacerlo, así que supuso que no se trataba de un encuentro social.
– Tenemos que acabar de concretar.
No estaba segura de si le estaba mintiendo a él o a sí misma. Por alguna razón, sintió que el almuerzo con John Anderson no era simplemente una cita de trabajo. Pero no le importó. Parecía un buen tipo, una persona decente. Le estaba esperando en la calle, en un Lincoln Town Car negro con chófer. En cuanto la vio, sus labios dibujaron una amplia sonrisa. Fiona llevaba unos pantalones de lino rosa, una camisa sin mangas, sandalias y un bolso de rafia colgando del hombro; parecía como si se dispusiese a ir a la playa. Era otro día de tórrido calor, pero felizmente dentro del coche imperaba el aire acondicionado. En cuanto entró, le correspondió con otra sonrisa.
– Estás estupenda -dijo John con un deje de admiración cuando ella se sentó a su lado y el coche se puso en marcha camino del deli al que le había propuesto llevarla.
