
¿Galac-Tech reinventa el Trabajo Femenino?, pensó Leo, sorprendido. ¿Estaremos a punto de poner un grupo de Investigación y Desarrollo para trabajar también con aplicaciones del fuego? Pero… claro, era un experimento… Afortunadamente, su rostro no reflejó sus pensamientos.
—Encantado de conocerla, Claire —dijo con seriedad.
Claire dio un codazo a Tony y le hizo un gesto con la cabeza señalando a su compañera rubia, que ya se había acercado para unirse al grupo.
—Oh… y ella es Silver —continuó Tony—. Trabaja en Hidroponía la mayor parte del tiempo.
Silver asintió. Tenía el cabello bastante corto y con ondas de color platino. Leo pensó que tal vez por eso la apodaban así. Tenía el tipo de huesos faciales fuertes, que son angulosos y hasta desgarbados a los trece años, pero que se vuelven tremendamente elegantes a los treinta y cinco. Ahora estaban a mitad de camino en esa transición. Sus ojos azules eran más fríos y menos tímidos que los de Claire, ahora distraída por una nueva demanda de Andy. Claire recogió al bebé y volvió a ajustar su faja de seguridad.
—Buenas tardes, señor Van Atta —dijo Silver.
Hizo una pirueta en el aire. Los ojos parecían pedir a gritos que se fijaran en ella. Leo percibió que tenía las veinte uñas de las manos pintadas de color rosado.
La contestación de Van Atta fue reservada y presumida.
—Buenas tardes, Silver. ¿Cómo va?
—Tenemos otro tubo para plantar después de éste. Terminaremos antes del cambio de turnos —le comunicó Silver.
—Bien, bien —dijo Van Atta jovialmente—. Ah, por favor, no olvides ponerte a la derecha cuando hables con un terrestre, cielo.
