Él no tenía ningún problema con su cabeza, aunque sin duda sí había un problema con el sistema de seguridad de alta tecnología de los Calebow, porque alguien estaba intentando forzar la cerradura.

Capítulo dos

¿Y qué si es el chico más caliente de la escuela? Lo que cuenta es cómo te trata.

«‹Demasiado caliente para manejarlo?»

MOLLY SOMERVILLE para Chik


Kevin recordó de pronto que había estado demasiado ocupado con su whisky escocés como para activar el sistema de seguridad de la casa. Un despiste afortunado. Así iba a tener algo de distracción.

La casa estaba fría y oscura. Kevin sacó los pies descalzos del sofá con la intención de levantarse y tropezó con la mesilla del café. Soltó una retahíla de tacos mientras se frotaba la barbilla y saltó hacia la puerta. ¿Quién iba a pensar que pelearse con un ladrón acabaría siendo para él ser el mejor momento de la semana? Kevin deseó que aquel mal nacido estuviera armado.

Esquivó un bulto macizo que supuso que debía ser una butaca y pisó algo pequeño y puntiagudo, probablemente una de las piezas de Lego que había visto esparcidas por el suelo. Era una casa grande y lujosa que, construida en lo más profundo de los bosques de Wisconsin, estaba prácticamente rodeada de árboles salvo por su parte posterior, que daba a las aguas gélidas del lago Michigan.

– Maldita oscuridad -refunfuñó mientras avanzaba guiándose por el sonido de los rasguños, y justo cuando alcanzó la puerta, oyó el chasquido le la cerradura y la puerta empezó a abrirse.

Kevin sintió aquella subida de adrenalina que tanto le encantaba, y, con un ágil movimiento, empujó la puerta contra la pared y asió a la persona que había al otro lado.

El tipo tenía que ser un peso mosca, porque salió volando.



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