
Los que íbamos al taller de Juan Stein dábamos por sentado que era un buen jinete. No sé por qué puesto que nunca lo vimos montar a caballo. En realidad, todas las suposiciones que podíamos hacer en torno a Ruiz-Tagle estaban predeterminadas por nuestros celos o tal vez nuestra envidia. Ruiz-Tagle era alto, delgado, pero fuerte y de facciones hermosas. Según Bibiano O'Ryan, era un tipo de facciones demasiado frías para ser hermosas, pero, claro, Bibiano afirmó esto a posteriori y así no vale. ¿Por qué sentíamos celos de Ruiz-Tagle? El plural es excesivo. El que sentía celos era yo. Tal vez Bibiano compartiera mis celos. El motivo, por supuesto, eran las hermanas Garmendia, gemelas monocigóticas y estrellas indiscutibles del taller de poesía. Tanto, que a veces teníamos la impresión (Bibiano y yo) de que Stein dirigía el taller para beneficio exclusivo de ellas. Eran, lo admito, las mejores. Verónica y Angélica Garmendia, tan iguales algunos días que era imposible distinguirlas y tan diferentes otros días (pero sobre todo
otras noches) que parecían mutuamente dos desconocidas cuando no dos enemigas. Stein las adoraba. Era, junto con Ruiz-Tagle, el único que siempre sabía quién era Verónica y quién Angélica. Yo sobre ellas apenas puedo hablar. A veces aparecen en mis pesadillas. Tienen mi misma edad, tal vez un año más, y son altas, delgadas, de piel morena y pelo negro muy largo, como creo que era la moda en aquella época.
Las hermanas Garmendia se hicieron amigas de Ruiz-Tagle casi de inmediato. Este se inscribió en el 71 o en el 72 en el taller de Stein. Nadie lo había visto antes, ni por la universidad ni por ninguna parte. Stein no le preguntó de dónde venía. Le pidió que leyera tres poemas y dijo que no estaban mal. (Stein sólo alababa abiertamente los poemas de las hermanas Garmendia.) Y se quedó con nosotros. Al principio los demás poco caso le hacíamos. Pero cuando vimos que las Garmendia se hacían amigas de él, nosotros también nos hicimos amigos de Ruiz-Tagle.