Los pilotos espaciales no suelen aparecer a menudo por el bar de Casa Mañana. No se trata precisamente de uno de sus hoteles preferidos, y además queda a varios kilómetros del espaciopuerto. Si uno de ellos se deja caer por allí vestido de paisano, se refugia en un rincón oscuro y no desea ser reconocido como piloto, eso es asunto suyo. Yo también había elegido aquel rincón porque desde allí podía ver sin ser visto; debía algún dinero aquí y allá, nada importante, pero hubiera resultado embarazoso que mis acreedores me reconocieran. Debí imaginar que él tenía también sus razones, y haberlas respetado.

Pero mis cuerdas vocales tenían vida propia, y no pude retener las palabras.

—A otro perro con ese hueso, amigo —repliqué—. Si usted es un topo de tierra, entonces yo soy el alcalde de Tycho City. Apuesto a que ha tomado más tragos en Marte que en la Tierra— añadí, notando con qué cuidado alzaba su vaso, lo cual denotaba su costumbre de beber en lugares de baja gravedad.

—¡No levante la voz! —me interrumpió, hablando entre dientes—. ¿Por qué está tan seguro de que soy piloto? Ni siquiera me conoce.

—Mire, por mí puede ser lo que quiera —repuse—. Pero tengo ojos en la cara. Se descubrió en cuanto entró aquí.

Lanzó una maldición en voz baja.

—¿Qué le hizo darse cuenta?

—No se preocupe por eso. Estoy seguro de que nadie más se fijó. Pero yo veo lo que los demás no pueden ver —le entregué mi tarjeta, con un inocultable gesto de orgullo—. Sólo existe un Lorenzo Smythe, el único. Yo soy “el Gran Lorenzo”, cine, televisión, vídeo, teatro clásico, “Extraordinario Actor y Mimo”.

Leyó mi tarjeta y se la guardó en un bolsillo, lo cual me molestó un poco, porque aquellas tarjetas me habían resultado bastante caras; eran una perfecta imitación de grabado a mano.

—Comprendo —dijo tranquilamente, y añadió—: ¿Y qué hay de raro en mi forma de moverme?

—Se lo demostraré —dije—. Iré hasta la puerta como un topo de tierra y después regresaré caminando tal como lo hace usted. Observe.



2 из 188