¿A quién diablos besaba? No podía verlo. Tina era delgada y baja. Su falda y su blusa estaban cubiertas por la bata blanca y se apretaba contra un cuerpo masculino. Lo único que Jock alcanzaba a ver eran las piernas delgadas y el cabello revuelto cayéndole por los hombros. El resto estaba tapado por el hombre.

¿Y el hombre? Parecía un campesino. Era grande, fuerte e iba mal vestido. Parecía llegar directamente de cuidar vacas. Besaba a la muchacha con pasión y ella parecía responder con el mismo entusiasmo. Jock sintió en su mismo cuerpo la pasión entre hombre y mujer. Afortunadamente la rabia lo salvó. ¡Justo a tiempo!

– ¿Qué diablos pasa aquí?

La pareja se apartó de mala gana. Aunque no demostraron vergüenza o culpabilidad. El hombre se volvió y Tina le sonrió. Sus ojos verdes estaban vivos de placer y malicia.

– Harry Daniel, esto no está bien. Te dije un beso de amigo.

– Me he aprovechado -contestó Harry tranquilamente, soltando una carcajada y mirando al doctor.

– ¡Se lo diré a Mary! -replicó la muchacha.

– Hazlo si quieres. Tú serás nuestra madrina de boda y ella nunca te creerá. Además… -Harry miró con placer a Tina-. Desde el mes que viene intentaré ser fiel a mi preciosa Mary. Ésta es mi última oportunidad de divertirme.

– ¿Es eso lo que soy? ¿Una diversión?

El campesino se quedó pensativo y sonrió.

– Bueno, dierr… Yo diría que…

Jock preferiría no haber estado allí. Miró a Harry Daniel. Lo conocía. Era un campesino de la localidad que estaba comprometido con Mary Stevenson, la maestra.

– ¿Pero qué…?

Por fin lo miraron y Harry hizo una mueca. Tina no se inmutó. Tan pronto como vio a Jock la sonrisa de sus labios se apagó. Se apartó de Harry y se dirigió hacia la bandeja que estaba preparando.

– Ya está, Harry. Vuelve el viernes y te quitaré los puntos. La cicatriz se curará pronto y estarás guapo para la boda.

Jock volvió a mirar a Harry y notó por primera vez la cicatriz en la mano del campesino.



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