
Tras licenciarse en la Universidad de Stanford, Chloe desempeñaba su primer empleo como ayudante del director adjunto de la sección de complementos para una revista de moda de Londres. El empleo le ofrecía sobre todo prestigio y diversión. Consistía en ayudar con el diseño, organizar sesiones fotográficas y hacer recados, a cambio de un salario ínfimo y de la ilusión de trabajar para la edición británica de Vogue. A Chloe le encantaba. Poseía una belleza similar a la de su madre y podría haber sido modelo, pero prefería trabajar en el campo editorial y, además, en Londres se lo pasaba en grande. Era una chica alegre y extravertida, y estaba entusiasmada con la gente que conocía gracias a su trabajo. Carole y ella hablaban mucho por teléfono.
Anthony seguía los pasos de su padre en Wall Street, en el mundo de las finanzas, tras conseguir en Harvard un máster en administración de empresas. Era un joven serio y responsable y siempre se habían sentido orgullosos de él. Era tan guapo como Chloe, aunque siempre lúe un poco tímido. Salía con muchas chicas listas y atractivas, pero aún no había hallado a ninguna especial. Su vida social le interesaba menos que su trabajo en la oficina. Se esmeraba mucho en su carrera y nunca perdía de vista sus objetivos. De hecho, no se detenía ante casi nada y cuando Carole le llamaba al teléfono móvil a altas horas de la noche solía encontrarle trabajando.
