
Los libros no se vendieron muy bien, pues «Gnome Press» no disponía de capital para anunciarlos y promocionarlos. No percibí derechos de autor por ellos.
A comienzos de 1961, mi entonces editor en Doubleday, Timothy Seldes, me dijo que había recibido una solicitud de un editor extranjero para reimprimir los libros de la Fundación. Como no eran libros de Doubleday, me transmitió la petición. Yo me encogí de hombros.
—No me interesa, Tim. No cobro derechos de autor por estos libros. Seldes se horrorizó e inmediatamente inició gestiones para obtener los derechos sobre aquellos libros de «Gnome Press» (que a la sazón estaba moribunda). En agosto de aquel mismo año, pasaron (junto con Yo, Robot) a ser propiedad de Doubleday.
Desde aquel momento, la serie de la Fundación marchó por buen camino y empezó a devengar derechos crecientes. Doubleday publicó la Trilogía en un solo volumen y lo distribuyó a través del «Science Fiction Book Club». Gracias a eso, la serie de la Fundación alcanzó cotas de popularidad insospechadas.
En 1966, la «World Science Fiction Convention», celebrada en Cleveland, pidió a los aficionados que votasen en la categoría de «Las Mejores Series de Todos los Tiempos. Fue la primera vez (y hasta ahora, la última) que aquella categoría se incluyó en las nominaciones para el «Premio Hugo». La Trilogía de la Fundación ganó el premio, aumentando así la popularidad de la serie.
Con creciente insistencia, los aficionados al género me pidieron que continuase la serie. Les di las gracias, pero seguí negándome. Sin embargo, me fascinaba que hubiese personas más jóvenes que la serie, que se sintiesen tan atraídas por ella.
Pero Doubleday se tomó aquellas peticiones con mucha más seriedad que yo. Me habían seguido la corriente durante veinte años, pero como las demandas seguían creciendo en número e intensidad, los editores acabaron por perder la paciencia. En 1981, me dijeron simplemente que tenía que escribir otra novela de la Fundación y, para dorarme la píldora, me ofrecieron un contrato a base de un anticipo diez veces mayor que el acostumbrado.
