
Los pasajeros del vechebús estaban vestidos muy ligeramente, la mayoría de ellos con trajes de un material fino de colores claros, pero a pesar de todo se hacía sentir el bochorno estival de un día sin viento.
Entre ellos, llamaba la atención inmediatamente, una muchacha alta, con un vestido blanco más corto de lo que corrientemente se llevaba en este tiempo. El raro tono verdoso de su cutis, el matiz entre esmeralda y zafiro de su espesa cabellera al descubierto, demostrando que no sentía el calor, los ojos un poco caídos oblicuamente, asombrosamente largos, por lo cual parecían mucho más estrechos de lo que eran en realidad, todo daba a entender que era una persona que no pertenecía a ninguna de las razas terrestres. De los zapatos blancos, hasta las rodillas de unas pierñas bonitas y bien torneadas estaban enrolladas entrecruzándose unas cintas estrechas blancas, sujetadas por unas hebillas también blancas, al parecer metálicas, en forma de hojas alargadas de una planta desconocida, que como dos escudos tapaban sus rodillas. Los brazos finos, desnudos hasta los hombros, terminaban en unos dedos largos y flexibles con uñas brillantes de color verde vivo, como si en la terminación de cada dedo la muchacha llevara una gran esmeralda. El color verde se destacaba claramente en las comisuras de la boca y sobre todo en las aletas de la nariz.
Seguramente la sangre de la muchacha tenía color rojo y el matiz verde de su piel era debido, probablemente, a una propiedad especial de sus pigmentos. Por eso en algunos lugares su cuerpo adquiría un fuerte color marrón tostado.
