
Jock frunció el ceño. ¿Por qué demonios recibía informes de inteligencia de un maldito neanderthal? Pero claro, todavía no había leído su correo electrónico; tal vez le habían mandado un comunicado. Naturalmente, sabía que se estaba barajando la opción de Nueva York. Por lo que a Jock se refería, era una tontería: obviamente el nuevo portal tenía que estar en suelo estadounidense; colocado en la plaza de las Naciones Unidas (técnicamente territorio internacional) complacería al resto del mundo.
—Lonwis dice que están planeando llevar a un grupo de funcionarios de las Naciones Unidas al otro lado … a mi lado —continuó Ponter—. Adikor y yo vamos a ir con ellos a la isla de Donakat, nuestra versión de Manhattan, para estudiar el terreno; hay asuntos de importancia que debemos tener en cuenta para proteger cualquier ordenador cuántico de tamaño grande de la radiación solar, cósmica y terrestre, para que no se produzca decoherencia.
—¿Sí? ¿Y qué?
—Bueno, he pensado que tal vez te gustaría venir, Diriges este instituto dedicado a establecer buenas relaciones con mi mundo, pero todavía no lo has visto.
Jock se sorprendió. Ya le parecía que tener a dos neanderthales en Sinergía era bastante extraño: se le antojaban trolls. No estaba seguro de querer ir a un sitio donde estaría rodeado de ellos.
—¿Cuándo va a hacerse ese viaje?
—Después del próximo Dos que se convierten en Uno.
—Ah, sí —dijo Jock, tratando de mantener una fachada agradable—. Creo que la frase con que lo describe nuestra Louise es «¡Fiesta!».
—Es mucho más que eso, aunque no podrás verlo en este viaje.
¿Vendrás entonces?
—Tengo mucho trabajo que hacer.
Ponter sonrió con aquella repulsiva sonrisa suya de un palmo. —Se supone que es mi especie la que carece del deseo de ver más allá de la colina, no la tuya. Deberías visitar el mundo con el que estás tratando.
