
Junior se desasió de una sacudida. Golpes y pateos: agentes de paisano irrumpiendo por la ventana. Ruidos para la coartada: saqué mi arma de reserva, dos tiros al techo. Limpié la pistola: Pruebas.
Arrojé el arma a un rincón. Más caos: los sospechosos, en el suelo a patadas, boca abajo, esposados.
Gemidos, gritos, casquillos de bala/hedor a sangre.
«Descubrí» el arma. Los reporteros irrumpieron en la casa; Junior les echó un sermón: Fuera, largaos al porche a tomar el aire.
– Me debes mil cien, consejero.
Reconozco la voz: Jack Woods. Oficios diversos: corredor de apuestas/guardaespaldas/intermediario de sobornos.
Me acerqué a él.
– ¿Has visto el espectáculo?
– Llegaba en este momento. Y deberías atar más corto a ese Stemmons.
– Su papá es inspector. Yo soy el mentor del chico, por encargo del capitán. ¿Tenías alguna apuesta pendiente?
– Exacto.
– ¿Qué haces por los barrios bajos?
– Yo también estoy en el negocio, de modo que vengo a negociar las apuestas con mi clientela. Dave, me debes mil cien.
– ¿Cómo sabes que has ganado?
– La carrera estaba amañada.
Alboroto: periodistas, vecinos.
– Los sacaré de la caja fuerte de las pruebas.
– C'est la guerre. Por cierto, ¿qué tal tu hermana?
– Meg está bien.
– Salúdala de mi parte.
Sirenas: coches patrulla en blanco y negro frenando ante la casa.
– Jack, lárgate de aquí.
– Me alegro de haberte visto, Dave.
Comisaría de Newton Street: Fichar a los detenidos.
Comprobaciones de informes: nueve órdenes de detención pendientes en total. El tipo de los dedos amputados resultó una delicia: violación, agresión, estafa. Pálido de conmoción, quizá muñéndose. Un enfermero le dio café y aspirinas.
