– Si quieres hacer otro amigo, suelta información. ¿Qué tiene Noonan?

– Tiene lo que uno llamaría aspiraciones.

– Eso ya lo sé. Más.

– Bien…, he oído hablar a Shipstad con ese otro tipo del FBI. Decían que Noonan quizá teme que la investigación sobre el boxeo sea demasiado limitada. En cualquier caso, ya está dándole vueltas en la cabeza a ese plan complementario.

– ¿Y?

– Y se trata de una especie de redada general contra las bandas de Los Angeles, sobre todo en el Southside. Drogas, tragaperras… ya sabe, máquinas expendedoras ilegales y mierdas por el estilo. Oí a Shipstad decir algo de que el LAPD no investiga los homicidios de negros a manos de otros negros, y como todo esto se reduce a que Noonan consiga dejar en mal lugar al nuevo fiscal del Distrito…, ¿cómo se llama?

– Bob Gallaudet.

– Exacto, Bob Gallaudet. En fin, se trata de hacerle quedar mal para que Noonan pueda disputarle el cargo en las próximas elecciones.

El barrio negro, el negocio de las tragaperras: el último asunto que Mickey C. tenía entre manos.

– ¿Qué hay de Johnson?

Risitas.

– Vaya con el mulato cabeza de serrín. Quién diría que tiene un historial de cuarenta y tres, cero y dos, ¿verdad?

– Vamos, Reuben, habla.

– Está bien, reconozco que no le falta mucho para ser un idiota profundo, pero tiene una memoria asombrosa. Es capaz de memorizar barajas enteras, de modo que unos tipos bien situados le dieron un empleo en el Lucky Nugget, en Gardena. También es capaz de memorizar conversaciones, y algunos clientes no eran lo que se dice muy discretos en su presencia. He oído que Noonan quiere hacerle exhibir esos trucos de memoria en el estrado y…

– Me hago una idea.

– Bien. Yo abandono mis actividades conflictivas, pero sigo teniendo una familia propensa a meterse en problemas. No debería haberle contado lo que he hecho pero, como es usted amigo mío, estoy seguro de que no va a llegar a oídos de los federales, ¿verdad, «Dave»?



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