Jack había aprendido a una edad temprana a nunca hacer un sonido, ir a algún sitio lejano en su cabeza y separar la cabeza y el cuerpo, pero hombres como Biyoya no podían concebir esa posibilidad. Algunos hombres no lo hacían, no podían romperse, incluso con drogas en su sistema y el dolor sacudiendo sus cuerpos.

Una mano agarró el pelo de Jack y dio un tirón fuerte para levantar su cabeza. Agua helada salpicó su cara, corrió por su pecho sobre las heridas. El segundo soldado frotó una pastilla de sal y hojas abrasadoras en las heridas mientras ambos reían.

– El mayor quiere que su nombre aparezca agradable y bonito -dijo uno burlonamente en su lengua materna. Se inclinó para mirar detenidamente a los ojos de Jack.

Debió haber visto la muerte allí, la fría rabia y la fría determinación. Jadeó, pero fue un pelín demasiado lento tratando de alejarse. Jack se movió deprisa, un borrón veloz de manos mientras pasaba el delgado cable alrededor del cuello del rebelde, usándolo de escudo cuando el otro soldado dio un tirón a su arma y disparó. La bala golpeó al primer rebelde y lanzó a Jack hacia atrás.

El caos estalló en el campamento, los hombres se dispersaron para cubrir y disparar hacia la selva, confusos en cuanto a desde donde venían los disparos. Jack sólo tuvo segundos para abrirse camino y cubrirse. Tirando el cuchillo desde el cinturón del rebelde, apuñaló al soldado agonizante en el pulmón y giró el cuchillo a las cuerdas que le ataban, todavía sujetando al soldado como un escudo. Jack lanzó el cuchillo con precisión mortal, perforando la garganta del soldado con el arma. Dejando caer el cuerpo muerto, Jack corrió.

Zigzagueó su camino a través de tierra abierta, pateando los troncos fuera del hogar, enviándolos dispersos en todas direcciones, corriendo deliberadamente entre los soldados, de modo que si alguno le disparaba tuviera la oportunidad de herir a uno de los suyos.



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