Una vez en las áreas más oscuras, se mezcló con el follaje, las rayas y el patrón de la selva cubrieron su piel, desde su cara por el cuello, el pecho y los brazos. Los pantalones de camuflaje especialmente diseñados recogieron los colores a su alrededor y los reflejaron, por eso prácticamente desapareció en la vegetación, como si la jungla se lo hubiera tragado.

Jack saltó a los árboles, usando las ramas mas bajas, trepando rápidamente hasta la bifurcación de un gran árbol de hoja perenne que era particularmente pesado en follaje. Desde su posición, podía ver fácilmente el suelo del bosque. Parecía desnudo pero sabía que estaba repleto de insectos, como una alfombra viva sobre un suelo pobre. Esperó, sabiendo que los rebeldes vendrían en tropel a través de la selva. El mayor Biyoya estaría furioso de que Jack hubiera escapado. Biyoya tendría que responder ante el general, y el General Ekabela no era conocido por tratar amablemente a los que les fallaban.

Las maldiciones y las órdenes gritadas, rabia y miedo en sus voces, fueron a la deriva junto con el humo a través de los árboles. Jack deseó que uno de los troncos ardiendo que había pateado fuera del hogar hubiera prendido fuego a la pequeña cabaña cubierta por hojas que al mayor le gustaba usar.

Jack examinó sus armas. Tenía dos rifles de asalto con munición limitada, un machete, y dos cuchillos, y cosidos a sus pantalones había varios garrotes. Más que armas y cuchillos, Jack tenía sus realces físicos y psíquicos, producto de la experimentación permitida por él para convertirse en un miembro del equipo encubierto de los Caminantes Fantasmas.



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