

John Katzenbach
Juegos De Ingenio
– Quería un animal ideal para cazarlo -explicó el
general.
Así que dije:
– ¿Qué características tendría una presa ideal?
La respuesta fue, por supuesto:
– Debe ser valiente, astuta y, por encima de todo,
capaz de razonar.
– Pero si ningún animal es capaz de razonar
– objetó Rainsford.
– Mi querido amigo -dijo el general-, existe uno
que sí lo es.
Richard Connell,
The Most Dangerous Game
Prólogo. La mujer de los acertijos
Su madre, que estaba agonizante, dormía con un sueño intranquilo en una habitación contigua. Era casi medianoche, y un ventilador de techo removía el aire en torno a la hija, al parecer sin otro resultado que el de redistribuir el calor que quedaba del día.
La anticuada ventana de celosía estaba ligeramente abierta a la noche color regaliz. Una polilla se golpeaba desesperada contra el cristal, decidida por lo visto a matarse. Ella la observó por un momento, preguntándose si la atraía la luz, como creían los poetas y los románticos, o si en realidad detestaba la claridad y se había lanzado a un ataque furioso contra el origen de su frustración.
Notó que una gota de sudor le resbalaba entre los pechos e intentó secársela con la camiseta, sin apartar en ningún momento la vista de la hoja de papel que tenía en el escritorio, ante sí.
Era de un papel blanco barato. Las palabras estaban escritas en sencillas letras de imprenta.
LA PRIMERA PERSONA POSEE AQUELLO QUE LA SEGUNDA PERSONA ESCONDIÓ.
Se reclinó en su silla de trabajo, tamborileando en el escritorio con un bolígrafo como un percusionista que busca un ritmo. No era extraño que recibiese notas y poemas por correo, cifrados según claves de lo más variadas, con algún tipo de mensaje secreto.
